¿Me recompensará la Fortuna con tu compañía hoy; cuando el día muera, cuando las garzas abandonen sus paseos por la ciudad y cuando con estrellas aquel envidioso nos confunda? Ahora que el reflejo de la ventana me engaña dibujando movimiento en esta vacía estancia; el recuerdo de mi soledad se burla, pintando en esas ánimas de luz tu rostro; convirtiéndome en obligado espectador de una película que nunca acaba. Encerrado en un sillón, y atado a una pluma, busco tu reflejo en un papel blanco como lo fuere tu piel, no haciendo sino garabatos que lo manchan de la misma manera que el tiempo a tu retrato. La vida que me busqué no hace más que contarme la melodía que me tortura sabiendo que te veré y no te tendré.
Pensamientos y elucubraciones acumuladas.