Y aquí solo, quizás parezca abatido, abandonado al desconsuelo… Y son mis pensamientos que me torturan, mis sentimientos que me queman, la poca cordura que me queda. Así que háblame, que son música tus palabras y milagros son tus caricias.
Y cierto es que tras aquella larga noche me acostumbré a mirar más allá de la estrellas. Unos ojos hechos a la oscuridad más allá de los diamantes. Y cierto veo que tras este amanecer mis ojos no son capaces de ver más allá de ti. Si superé la inmediatez de una sonrisa, si traspasé las pieles y las máscaras. ¿Por qué te veo cuando duermo y cuando no estás? ¿Por qué me brindas esa mirada?