Pero no me mires, no a este rostro perdido que no merece su reflejo en tus ojos, porque son éstos el soñado paraíso donde tu belleza nace. Y así, con incontenible indiferencia bañan tu rostro de la misma esencia de hermosura; y que en tu cuerpo derraman inevitables encantos que resquebrajan la solidez de la tierra misma, cuánto más la fragilidad de un hombre roto, que nunca dejó de ser niño por temor a abrir los ojos y deslumbrarse con un sol que hoy amanece en tu rostro.
Partiendo de que decir es fácil, decir es gratis y decir es, potencialmente, mentir, ¿cómo podría decirte que no ha nacido momento alguno en esta era que te aparte de mi pensar? Diría quizás que si mi vida tuviera un color, sería el color con tu nombre. Que si alcanzara ese color, sería del cual pintara mi sonrisa, mi estar, mi soñar y mi divagar. Pues si lo importante nunca ha sido el cuánto, ¡en tu caso hay tanto!