Háblame y regálame tus palabras. Hazlo y dale un respiro a mi corazón y a mi cuerpo. Hazlo y no robes más el descanso de mi mente. Hazlo… o regálame otro beso y muéstrame una vida sabiendo que un beso que nació de tu boca nació para morir en la mía. Entonces sólo cerrare los ojos y soñaré. Soñaré que soñaba, que eres un sueño y que aquella noche no existió sino en mí. Y volvería (y volveré) a soñar cada noche que tu cálida mano me ofrezcas.
Partiendo de que decir es fácil, decir es gratis y decir es, potencialmente, mentir, ¿cómo podría decirte que no ha nacido momento alguno en esta era que te aparte de mi pensar? Diría quizás que si mi vida tuviera un color, sería el color con tu nombre. Que si alcanzara ese color, sería del cual pintara mi sonrisa, mi estar, mi soñar y mi divagar. Pues si lo importante nunca ha sido el cuánto, ¡en tu caso hay tanto!