Háblame y regálame tus palabras. Hazlo y dale un respiro a mi corazón y a mi cuerpo. Hazlo y no robes más el descanso de mi mente. Hazlo… o regálame otro beso y muéstrame una vida sabiendo que un beso que nació de tu boca nació para morir en la mía. Entonces sólo cerrare los ojos y soñaré. Soñaré que soñaba, que eres un sueño y que aquella noche no existió sino en mí. Y volvería (y volveré) a soñar cada noche que tu cálida mano me ofrezcas.
Y cierto es que tras aquella larga noche me acostumbré a mirar más allá de la estrellas. Unos ojos hechos a la oscuridad más allá de los diamantes. Y cierto veo que tras este amanecer mis ojos no son capaces de ver más allá de ti. Si superé la inmediatez de una sonrisa, si traspasé las pieles y las máscaras. ¿Por qué te veo cuando duermo y cuando no estás? ¿Por qué me brindas esa mirada?