Es curioso, porque ahora parece como sí mis Melancolía y Añoranza hubieran sido aplastadas por la tristeza madre, por esa que un día me acompañó, cuando la primavera aún lucía, y que ahora, ya madura, me golpea sin descanso. Acaso cambió de víctima, cambió la tumba a quien llorarle o acaso acude quien más reciente se presenta y más dura se antoja.
No sé.
Miro a esa tumba frente a la que mi tristeza llora y no veo más que un espejo. Y no me mires Tristeza. No me mires a la cara, porque miedo tengo de mirarte y a enfrentarte no me atrevo; porque no atino a adivinar los estragos de tal enfrentamiento.
No quiero pasar de largo. No quiero que esto termine. Quisiera volver a verla.
Pero el tiempo no perdona.
No sé.
Miro a esa tumba frente a la que mi tristeza llora y no veo más que un espejo. Y no me mires Tristeza. No me mires a la cara, porque miedo tengo de mirarte y a enfrentarte no me atrevo; porque no atino a adivinar los estragos de tal enfrentamiento.
No quiero pasar de largo. No quiero que esto termine. Quisiera volver a verla.
Pero el tiempo no perdona.