¿Me recompensará la Fortuna con tu compañía hoy; cuando el día muera, cuando las garzas abandonen sus paseos por la ciudad y cuando con estrellas aquel envidioso nos confunda? Ahora que el reflejo de la ventana me engaña dibujando movimiento en esta vacía estancia; el recuerdo de mi soledad se burla, pintando en esas ánimas de luz tu rostro; convirtiéndome en obligado espectador de una película que nunca acaba. Encerrado en un sillón, y atado a una pluma, busco tu reflejo en un papel blanco como lo fuere tu piel, no haciendo sino garabatos que lo manchan de la misma manera que el tiempo a tu retrato. La vida que me busqué no hace más que contarme la melodía que me tortura sabiendo que te veré y no te tendré.
Háblame y regálame tus palabras. Hazlo y dale un respiro a mi corazón y a mi cuerpo. Hazlo y no robes más el descanso de mi mente. Hazlo… o regálame otro beso y muéstrame una vida sabiendo que un beso que nació de tu boca nació para morir en la mía. Entonces sólo cerrare los ojos y soñaré. Soñaré que soñaba, que eres un sueño y que aquella noche no existió sino en mí. Y volvería (y volveré) a soñar cada noche que tu cálida mano me ofrezcas.