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Mostrando entradas de septiembre, 2009

Carta III

Pero no me mires, no a este rostro perdido que no merece su reflejo en tus ojos, porque son éstos el soñado paraíso donde tu belleza nace. Y así, con incontenible indiferencia bañan tu rostro de la misma esencia de hermosura; y que en tu cuerpo derraman inevitables encantos que resquebrajan la solidez de la tierra misma, cuánto más la fragilidad de un hombre roto, que nunca dejó de ser niño por temor a abrir los ojos y deslumbrarse con un sol que hoy amanece en tu rostro.

Carta II

Y aquí solo, quizás parezca abatido, abandonado al desconsuelo… Y son mis pensamientos que me torturan, mis sentimientos que me queman, la poca cordura que me queda. Así que háblame, que son música tus palabras y milagros son tus caricias.