Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de enero, 2009

Carta I

Quizás me arrepienta de decir lo que digo, de pensar lo que pienso y de sentir lo que siento. Pero inspiras en mí más que unas tontas palabras; y más que el latir de mi corazón. Y sí, ciertamente siento decir lo que pienso, pero la verdad sólo tiene un hogar, y éste está en tus oídos.

Ellas, siempre ellas

Es curioso, porque ahora parece como sí mis Melancolía y Añoranza hubieran sido aplastadas por la tristeza madre, por esa que un día me acompañó, cuando la primavera aún lucía, y que ahora, ya madura, me golpea sin descanso. Acaso cambió de víctima, cambió la tumba a quien llorarle o acaso acude quien más reciente se presenta y más dura se antoja. No sé. Miro a esa tumba frente a la que mi tristeza llora y no veo más que un espejo. Y no me mires Tristeza. No me mires a la cara, porque miedo tengo de mirarte y a enfrentarte no me atrevo; porque no atino a adivinar los estragos de tal enfrentamiento. No quiero pasar de largo. No quiero que esto termine. Quisiera volver a verla. Pero el tiempo no perdona.

De vuelta

De vuelta a la vida, miro y me sobra mucho. Encuentro desorden y montones de harapos que ya no son lo mismo. Fue una semana o dos de vida más vivida, y debe hacer como un año que te tengo, porque me acostumbro a ti como al aire, que si por un instante te tuve cerca, ahora me matan estos centímetros. Se lamenta mi cama; la mitad de mi cama, la que ahora me parece más grande que nunca, más vacía y más fría. Y me lamento yo.